En corto: la IA suena genérica cuando no sabe quién eres. Si le das tu tono, tus límites, tus criterios y ejemplos reales, escribe como tú. Eso no es un prompt: es un sistema.
Todo el mundo reconoce ya un texto escrito por IA sin cuidado. Frases infladas, listas de tres adjetivos, cierres de manual. Y con razón la gente desconfía.
Pero el problema no es la herramienta. Es cómo se usa.
Un prompt no es una orden, es una formación
Cuando entra alguien nuevo en el equipo no le dices «escribe un email» y te vas. Le explicas a quién se dirige, cómo hablamos, qué nunca decimos y le enseñas ejemplos buenos y malos.
Con la IA es exactamente igual. Yo construyo los prompts con cinco bloques:
- Quién es la marca: qué hace, para quién y desde qué valores.
- El tono: cómo habla, qué palabras usa y cuáles evita.
- Los límites: lo que nunca debe prometer, diagnosticar ni inventar.
- Los criterios de calidad: cómo es una buena respuesta y cómo se revisa.
- Ejemplos reales: respuestas buenas, y también malas con el porqué.
La IA no sustituye tu criterio. Lo multiplica, si antes se lo has enseñado.
Un caso real: feedback a miles de alumnas
En Neuroalimentación las alumnas comparten su proceso y necesitan una respuesta cercana, útil y coherente con el método de Raquel. Con más de 2.500 alumnas, responder a todo a mano con calidad es imposible.
Construimos un sistema de prompts con el criterio y el tono del método. La IA prepara un feedback personalizado y el equipo lo revisa. El resultado: respuestas más rápidas sin perder la esencia.
Lo que nunca dejo en manos de la IA
- Decisiones delicadas sobre salud o emociones.
- Prometer resultados.
- Publicar sin revisión humana cuando el tema es sensible.
La IA es una herramienta enorme. Pero la voz tiene que seguir siendo tuya.